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  • Rosario Campos

La restricción externa no existe

El gobierno argumenta que “faltan dólares” para justificar las restricciones a las importaciones pero la evidencia muestra que las políticas son anti-exportadoras: desincentivan las exportaciones y el ingreso de divisas.


El argumento que utiliza el gobierno para restringir las importaciones y el acceso al mercado de cambios para el pago de compras externas suele ser que “hay que cuidar los dólares” o que hay un “déficit estructural de dólares en la economía”. También sugiere que para “proteger” el empleo nacional, hay que sustituir importaciones.

El desempeño exportador argentino ha sido más pobre que el de América Latina y el mundo. Las cantidades exportadas de bienes por Argentina en el primer semestre de 2021 se encontraban solo 6,3% por encima del mismo período de 2005, mientras que en el mundo aumentaron 55,7% y en América Latina 71,5%.[1] Por un lado, el estancamiento exportador argentino se deriva de malas políticas, que generan desincentivos a invertir en actividades transables: derechos de exportación, brecha cambiaria y prohibiciones de exportación.

En este sentido, no es posible “exportar más” si las inversiones necesarias para ampliar la capacidad exportable no son rentables. Por otro lado, no hay falta de dólares, sino exceso de pesos. El Banco Central financia el déficit fiscal a través de la emisión monetaria, que conduce a suba de precios (inflación) y a una suba del tipo de cambio no oficial. Además, el empleo y la actividad económica se vinculan positivamente con el comercio exterior.

Mas aún, el contexto internacional en 2021 es beneficioso para la recuperación económica y comercial de Argentina, con precios de commodities en máximos históricos y tasas de interés bajas. Sin embargo, las políticas implementadas conducen a que nuestro país desaproveche las oportunidades que brinda el contexto internacional. En este sentido, el gobierno argentino al mismo tiempo que sostiene que “hay que exportar más”, implementa políticas con un fuerte sesgo anti-exportador:

1. Derechos de exportación. Son mal llamadas “retenciones” porque no se toman a cuenta, sino que se descuentan del precio al productor. Las alícuotas más altas son en el principal complejo exportable (oleaginosas y cereales): 33% en porotos de soja y 12% para trigo y maíz. Los demás bienes y los servicios (TICs, servicios profesionales) también son gravados con derechos de exportación. Cabe resaltar que en el resto del mundo se apoya a la producción agrícola, y ningún país de América Latina ni los países desarrollados impone este tipo de tributos. La OCDE muestra que Argentina es el país del mundo en el que el "apoyo" a la producción agropecuaria es más negativo.

2. Brecha cambiaria. Los cepos a la compra de divisas y la falta de un mercado único y libre de cambios son esencialmente anti-exportadores porque las ventas externas se liquidan en pesos a tipo de cambio oficial (menos derechos de exportación), que es significativamente menor al tipo de cambio de mercado, desincentivando la producción transable.

3. Prohibiciones a las exportaciones (carne vacuna) o acuerdos del gobierno con parte de las cadenas agroindustriales (maíz y trigo) que excluyen a los productores agropecuarios. Prohibir las exportaciones ciertos productos para bajar artificialmente su precio en el mercado interno tiene el mismo resultado que atrasar tarifas o el tipo de cambio, mientras todo el resto del IPC sube. A la larga o a la corta, no hay hacienda vacuna, no hay energía, no hay divisas. Mientras tanto, nuestros socios del MERCOSUR (Brasil, Paraguay y Uruguay) aprovechan la demanda externa de bienes agroindustriales y tienen exportaciones récord.

4. Restricciones a las importaciones. Aranceles elevados; demoras en las aprobaciones de Licencias No Automáticas (LNA); normas del BCRA que restringen el acceso al mercado de cambios para pagar importaciones son medidas con sesgo anti exportador. El 80% de las compras externas argentinas son insumos, bienes intermedios y de capital necesarios para la producción nacional. El proteccionismo que dificulta el acceso a las importaciones hace menos competitiva la producción nacional, destinada tanto al mercado interno como externo. En definitiva, para exportar más hay que importar más.

5. Inestabilidad macroeconómica. La emisión monetaria para financiar déficit fiscal genera elevada inflación y erosiona el tipo de cambio real, la variable relevante para medir la competitividad precio de la economía. La volatilidad macroeconómica y los cambios en las reglas generados por malas políticas dificultan la toma de decisiones de inversión y producción de las empresas.

6. Agenda externa. El gobierno de Argentina desalienta la agenda externa del MERCOSUR y nuevos acuerdos comerciales que otorgarían preferencias a los productos exportables. Ello genera que los bienes argentinos no puedan competir con otros países que gozan de preferencias, lo que en definitiva conduce a menor actividad, divisas y empleo en nuestro país.

Para mejorar el desempeño exportador de Argentina e incrementar el ingreso de divisas, las políticas deberían orientarse a:

1. Eliminar derechos de exportación, prohibiciones a exportar y unificar el mercado de cambios.

2. Liberar trabas y restricciones a las importaciones.

3. Reducir el déficit fiscal a través de la baja del gasto público, para evitar endeudamientos insostenibles o de financiación vía emisión monetaria que incrementan la inflación.

4. Impulsar la baja del Arancel Externo Común y la agenda externa del MERCOSUR.

En definitiva, se requieren políticas económicas y previsibilidad para recuperar la confianza y la inversión del sector privado, que es el único capaz de impulsar el comercio exterior, la actividad económica y el empleo en nuestro país.

[1] Según datos del INDEC y Netherlands Bureau for Economic Policy Analysis.


Columna publicada en Ámbito Financiero 05/sep/2021





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